domingo, 17 de agosto de 2014

Me acompañan cuatro luces


La vida poco a poco me va enseñando cómo vivirla después de sentir que no sabía ni lo que quería, de sentirme desubicada, desorientada, sin ganas de seguir, de no conocerme ni comprender el para qué de mi existencia.  De un largo tiempo para acá, voy entendiendo que siempre hay una luz al final del camino, que siempre hay una razón para continuar luchando y que cada cosa que nos pasa, tiene su objetivo, aveces los entendemos rápido, aveces tardamos más para comprender por qué las tenemos que vivir. 

Hoy por ejemplo, comprendí por qué mi familia, mi primer núcleo está conformada por cuatro, como cuatro luces, claro con una estrellita en el cielo. Cada uno tiene un rol, cada uno desde lo diferente que es nuestro ser siempre está ahí para las otras luces, cada uno de ellos es una luz que ilumina la vida de los otros tres, y los cuatro somos una perfecta combinación para mantener la balanza equilibrada aunque tienda a desbalancearse.

Poco nos lo decimos pero nos amamos y nos sentimos orgullosos, cada uno, de los otros tres.

En algunos de tantos libros en los que busqué respuestas a la perdida de mamá, leí que somos los hijos los que escogemos a los padres, aunque debería ser al contrario, somos nosotros los que venimos a enseñarles a ellos, es difícil de entender, pero es más claro cuando pienso en Alejo, mi sobrino, que nos enseña a ver la vida transparente sin egoísmo, en su ser puro, porque a medida que va pasando la vida nos vamos llenando de miedos, de problemas, de trabajo y nos vamos olvidando de nosotros para dejamos llevar por rabias, por ofensas y otras mil razones sin sentido creadas por nosotros, y así se va llenando el equipaje de la vida. 
Pero Alejo que nos escogió a sus padres, por ende, a nosotros como su familia, cargará una maleta de vida, de sonrisas, él podrá ver en los demás su verdadero ser, nosotros desafortunadamente no. Así que vaticino que Alejo siempre será feliz siendo nuestra guía, nuestro polo a tierra, para enseñarnos qué es lo que verdaderamente vale lo pena, porque todo lo que venga de él siempre será real.

Yo he ido abriéndome más a lo que significa vivir, a escucharme desde dentro para hacer cosas que algún tiempo atrás decía: jamás, entre esas tatuarme, porque si hay algo que siempre he considerado un tesoro es mi cuerpo, mi caparazón, lo que refleja todo lo que llevo dentro.

Pero aveces soy tan cerrada, tan ensimismada, tan seria y aveces amargada que necesitaba darme vida, darle vida a ella en mí, que aveces me duele tanto que no puedo ni mencionarla, que aveces me hace tan feliz que me da risa pensarla, que aveces extraño tanto que quisiera inefablemente tenerla aquí, que aveces necesito tanto que se me llena de ira el alma porque se fue.

Se fue, pero me dejó de compañía cuatro luces, mi papá, Juan David, Adriana y mi propia luz que los ilumina a ellos también, el día que se fue nos prometimos jamás alejarnos, nos prometimos ser y estar siempre para los otros tres y ahí vamos, pero siempre juntos a pesar de la distancia.

Ayer, aunque pensado desde hace mucho antes, sentí que quería inmortalizar en mí la estrella en la que siempre la veo a ella de noche, pero no sabía cómo, hasta ver los posibles diseños que llevaría para siempre en mi piel, sentí algo en mi pecho al ver la estrella de cuatro puntas, ahí estaban ellos, mis cuatro luces sobre una estrella mayor que nunca nos ha desamparado, que ha sido tan increíblemente especial que no ha habido un día desde que se fue que no la recordemos, que aún hoy sin estar, nos sigue llenando de vida, de enseñanzas, nos sigue recordando de lo que somos capaces, su fortaleza la llevamos en la sangre y aunque no lo sepamos somos unos valientes por seguir aquí.

Se que mis tres luces hacen lo mismo, pero de eso poco hablamos. Por mi parte, yo siempre estoy viéndola en las estrellas aunque no sepa en cuál está, sólo siento que es la que más brilla y así "cuando por la noche miro al cielo, como sé que ella vive y ríe en una estrella, entonces es para mí como si rieran todas las estrellas, lo que significa que tengo estrellas que ríen". Y para no esperar verla iluminada hasta la noche, ahora la llevo de día también y con ella, las cuatro luces que me dejó para que me acompañaran a hasta reencontrarnos.

Por siempre viva en mí, por siempre viva para mis cuatro luces. Por siempre roja de amor mamá!!!









domingo, 6 de mayo de 2012

Mi estrellita en el cielo


Un martes 13 sin explicación alguna, la mujer que me dio la vida partió de este mundo dejando conmigo, el dolor y el vacío más grande que haya podido sentir.

Han pasado diez años y por más que intento, no logro encontrar el por qué. Debí madurar en mi adolescencia y comprender que no la volvería a ver jamás, que debía vivir sin ella en cada uno de mis pasos, en mis momentos especiales los de mi padre y mis hermanos.

Al principio su partida fue mi maldición, todo se derrumbó, lo que creía era perfecto empezó a desmoronarse y a mostrar ese lado  que nunca pensé pudiera existir, me quedé con dudas y preguntas que sólo ella puede responder.

Nuestras facetas oscuras empezaron a hacer sus apariciones para hacernos daño y alejarnos, pero gracias a ella en el cielo pudo más el amor de familia y la unión que cada día se hace más fuerte.

Con el paso del tiempo me he dado cuenta que aunque no la puedo ver, me acompaña en cada decisión y cada nueva etapa de mi vida. Que todas las cosas buenas que me han pasado han sido gracias a ella, que siempre y por el resto de mi vida va a estar metidita en mi corazón y en todos mis pensamientos.

Comprendí que el que se va sufre más que los que se quedan, que deben estar arriba luchando para poder comunicarse con nosotros, para decirnos que también nos extrañan y nos aman, que también les duele tanto como a nosotros y que siempre van a estar ahí.

Ella es mi luz, es mi ángel, mi camino, mi fortaleza y mi estrellita en el cielo que brilla con más fuerza cada vez que en las noches me siento a observarla y a hablarle como si nunca hubiese partido.

Claudia Montes